El Subdesarrollo Latinoamericano: Una Patología Psicológica
OPINIÓN
"El subdesarrollo no está en la economía, sino en la mente de quienes lo padecen."
Si el subdesarrollo latinoamericano fuera solo una cuestión económica, la receta sería sencilla: más inversión, mejor administración y un uso eficiente de los recursos. Sin embargo, el fenómeno persiste, atraviesa décadas y gobiernos de todos los colores políticos, y parece inmune a los supuestos remedios. Esto sugiere que el problema no es material, sino psicológico. Es una patología colectiva donde el aspiracionismo, la necesidad de reconocimiento y la incapacidad de asumir responsabilidades desembocan en ciclos políticos autodestructivos.
Ecuador ofrece un caso de estudio ejemplar. En 2017, cuando Lenín Moreno asumió la presidencia, las calles se llenaron de gritos de "fraude". Sin embargo, cuando su gobierno dio un giro ideológico y traicionó al movimiento que lo llevó al poder, la misma masa que lo repudiaba comenzó a aplaudirlo. Este mismo patrón se repitió en 2021, cuando Guillermo Lasso fue elegido como la "esperanza" de la estabilidad y terminó dejando el país en ruinas: una caja fiscal quebrada, el crimen organizado desbordado y una crisis de seguridad sin precedentes. Pero la memoria selectiva del votante ecuatoriano no se detiene ahí. En 2023, apostaron por Daniel Noboa, quien con apagones, un país convertido en narcoestado y una tasa de homicidios récord, ha demostrado que el problema no es el candidato, sino la mentalidad de quienes los eligen.
Uno de los rasgos más evidentes de esta patología psicológica es el aspiracionismo. La clase media ecuatoriana —y latinoamericana en general— no vota por su realidad, sino por la que cree merecer. No importa que su economía dependa de un empleo precario o de remesas familiares; en su mente, ya es parte de la élite. Este fenómeno ha sido documentado por diversos estudios sobre percepción de clase (Bourdieu, 1984). Así, cuando el discurso progresista le recuerda que la equidad requiere sacrificios, se siente atacada y vota a la derecha, convencida de que la meritocracia es la solución.
Sin embargo, la derecha en América Latina no gobierna para la clase media, sino para la oligarquía. De ahí que, cuando se imponen medidas neoliberales, los principales perjudicados sean aquellos mismos votantes que creyeron que estaban protegiendo su ascenso social. El caso de Lasso es paradigmático: promovió reformas favorables al sector financiero, pero dejó un país con coches bomba, cuerpos colgados en puentes y matanzas en cárceles. A pesar de eso, el votante aspiracional no aprendió la lección y repitió el error con Noboa.
Otro componente esencial de esta psicología del subdesarrollo es el miedo. A medida que la violencia y el caos aumentan, la respuesta automática es buscar un "hombre fuerte" que imponga orden. Este mecanismo ha sido ampliamente analizado en la teoría política (Arendt, 1951). Pero la paradoja es que, en lugar de resolver los problemas, estas figuras autoritarias suelen profundizar la crisis.
En Ecuador, Noboa ha decretado estados de excepción y ha militarizado las calles, pero el crimen sigue en aumento. El país es hoy el principal exportador de droga a Europa y ha superado incluso a Lasso en tasa de homicidios. Sin embargo, el votante no cuestiona el modelo, sino que se convence de que el problema es que el líder de turno "no fue lo suficientemente radical". Así, la solución nunca es cambiar de estrategia, sino buscar un nuevo mesías.
El subdesarrollo no se resuelve con más dólares en la economía ni con planes de inversión extranjera. Se resuelve con un cambio de mentalidad. Mientras el votante latinoamericano siga viendo la política como un espectáculo y no como una herramienta de transformación, el ciclo se repetirá una y otra vez. Ecuador es el reflejo de una región que no aprende de sus errores porque se niega a aceptarlos. La crisis no es económica. Es psicológica. Y hasta que la sociedad no se mire en el espejo y reconozca su propia responsabilidad en su destino, el subdesarrollo seguirá siendo su condena.
Comentarios
Publicar un comentario